Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe
Disculparán la inusual extensión de esta columna. Pero el asunto que abordamos lo amerita. Y además es necesario apreciarlo en conjunto para entenderlo, cosa muy difícil si se dividiera el contenido en varios capítulos, como hemos hecho en ocasiones anteriores con otros temas.
Todo empezó con un par de correos electrónicos que recibimos de fuentes del sector financiero. En el primero nos alertaban sobre una carta que GATA (Gold Anti-Trust Action Committee) dirigió el 8 de marzo a Gary Gensler, presidente de la Comisión de Negociación de Contratos a Futuro en Commodities (U.S. Commodity Futures Trading Commission, dependencia gubernamental que tiene a su cargo la supervisión y regulación de los mercados de derivados financieros), en la que denuncia:
“As an executive at Goldman Sachs in London, Robert Rubin developed an idea to borrow gold from central banks at minimal interest rates (around 1 percent), sell the bullion for cash, and use the cash to fund Goldman Sachs’ operations. Rubin was confident that central banks would control the gold price with ever-more leasing or outright sales of their gold reserves and that consequently the borrowed gold could be bought back without difficulty. This was the beginning of the gold carry trade”.
(Traducido y explicado: Robert Rubin, siendo presidente de Goldman Sachs, habría adquirido en forma de préstamo de “algunos” bancos centrales sus reservas de oro, por las que éstos recibirían un 1% de interés. Este oro habría sido vendido para financiar las operaciones de Goldman Sachs. Mientras el precio del oro cayera, todos ganaban... negocio redondo. Sin embargo, a partir del 2002 el precio de la onza del metal amarillo se dispara, indicando así que los bancos centrales han perdido el control de este mercado. Es ahí donde empiezan los problemas, porque estos bancos sólo cuentan con un recibo en el que consta que le han prestado sus reservas de oro a... ¿Goldman Sachs, la Reserva Federal de NY o alguna otra firma bursátil?)
Un rato después nos remitieron una noticia de alguna manera relacionada: el departamento del Tesoro estadounidense se oponía vigorosamente a un proyecto de ley del Congreso que obligaría a la Fed (el banco central norteamericano) a abrir sus puertas para una auditoría.
¿Participó del carrusel denunciado por GATA el BCR peruano? ¿Cuándo se constató por última vez que el oro que el BCR dice tener se encuentra en su bóveda? ¿O está en el exterior, en Nueva York, o en algún otro lado y por alguna misteriosa razón no se puede repatriar?, se preguntaban preocupadas nuestras fuentes.
Eran buenas preguntas, de modo que telefoneamos al presidente del BCR, Julio Velarde, para averiguar al respecto. Nos dijo que el oro peruano –1’114,846 onzas troy valorizadas en US$1,243 millones, y que representan 3.6 por ciento de las RIN, actualmente en US$35,010 millones– está depositado en el BCR suizo y nos rinde una tasa de interés de alrededor de 1 por ciento.
–¿Y por qué me pregunta esto?, dijo Velarde. Le contamos de la denuncia de GATA y de la oposición del Tesoro a una auditoría a la Fed. Y le preguntamos si estaba seguro de que nuestro oro no había pasado a formar parte del carrusel.
“¿Si no se puede confiar en el BCR suizo, en quién podría ya confiarse?”, retrucó.
Horas después de la amable conversación telefónica de cinco minutos, nos llamó el jefe de prensa del BCRP por expreso encargo de Velarde y nos dijo que estaba a nuestra disposición para cualquier consulta. Le pedimos información sobre el tema y nos remitió un correo que confirmaba las cifras de Velarde pero contenía dos significativas discrepancias con lo que nos manifestó el presidente del BCR.
Según el funcionario de prensa, el 49.5% del oro está en el Perú y el 50.5% en el exterior, “en organismos internacionales y bancos de Suiza de primera categoría”. Le hicimos notar las discrepancias y nos dijo que seguramente Velarde se había confundido. Preguntamos si podíamos fotografiar el oro almacenado en las bóvedas del BCR y respondió que lo veía difícil por “protocolos de seguridad”, aunque prometió averiguar y llamarnos la próxima semana.
Mientras esperamos la oportunidad de fotografiar el oro, hablamos con nuestras fuentes sobre lo que habíamos averiguado. Este es el panorama que nos pintaron:
Supongamos por un momento que la versión inicial de Velarde sobre el oro, en el sentido que todo se encuentra fuera, sea cierta. (Si sólo la mitad estuviese fuera, el escenario sería la mitad de malo.) Qué implica: que el Perú no tiene oro. Punto. Así de simple. Más de un economista llamado por el BCR, para defender el punto de vista contrario (que sí tenemos oro), argumentaría que eso no es del todo cierto, porque el banco tiene las reservas internacionales suficientes para comprarlo. (Es verdad: pero lo que sobran son dólares…, y lo que escasea es el metal amarillo. Ahí les falla el análisis.)
Este argumento es falso por una serie de razones, siendo una de éstas —la principal— la denuncia de GATA. Según esta organización, una serie de bancos centrales habrían entregado en préstamo el oro en sus reservas internacionales a Goldman Sachs, cuando Rubin, su ex presidente, dirigía este banco (1990-92), y esta práctica se habría extendido cuando éste llegó a ser secretario del Tesoro norteamericano (1995-99).
Lo que hizo Rubin fue prestarse este oro y “venderlo en corto” (short-sale, en inglés). En qué consiste: cuando especulas en los mercados financieros, puedes ganar apostando a que los precios del activo suben o caen. Cuando apuestas a que suben, compras a un precio bajo y vendes a un precio alto; ganas en el diferencial. (A esto le llaman buy long.) Cuando apuestas a que bajan, te prestas el activo (en este caso, tú le debes una cantidad de oro o de acciones a tu broker, no un monto de dinero), y luego lo vendes (short-sale); si el precio cae, recompras las acciones o el oro (a un precio más bajo), devuelves el oro o las acciones, ganas en el diferencial (entre el precio de venta y el precio de compra), y cierras tu posición.
Bien. Ahora, miren el gráfico arriba. La evolución del precio de la onza de oro, de 1973 a marzo de 2010:
De 1992 a 1999 (el círculo), mientras Rubin estaba en Goldman y luego en el Tesoro (recuerden la denuncia de GATA), el precio del oro fluctúa alrededor de los US$400, y cae a cerca de US$200 en 1999.
Hasta ahí, todo bien: ganan Rubin, Goldman, los bancos centrales y los brokers que intermedian. Los problemas empiezan a partir del 2002, cuando los precios del oro se disparan verticalmente hacia arriba. Aquí ya no hay posibilidad de recomprar sin perder dinero: todos los que “vendieron en corto” se convirtieron en perdedores: Rubin, Goldman, bancos centrales, brokers, etcétera.
En otras palabras, si la jugada financiera urdida por Rubin ahora la realiza el BCR peruano con el BCR suizo, esto implica que es este banco el que tiene que recomprar el oro a precios de mercado, US$1,100 la onza, multiplicar esto por el número de onzas que le haya prestado su par peruano, y recién entonces regresar el oro al Perú. No hay manera de saber a cuánto vendió el oro, pero si fue vendido el 2002, recomprar ese millón de onzas de oro le puede representar una pérdida de casi mil millones de dólares, pérdida que puede vaporizar su patrimonio.
Los problemas, sin embargo, no acaban ahí, con la recompra…: recién comienzan. El banco central suizo puede recomprar este oro a (1) otro banco central, (2) en el mercado, o (3) recurrir a los inventarios de oro en COMEX.
Los puntos 1 y 2 están descartados, por la sencilla razón que todos los bancos centrales, empezando por los de China, Rusia e India, y pasando por los de Venezuela y Togo, están “comprando”, no vendiendo”. Comprarlo en el mercado sería hacer más grande el problema de la “venta en corto”, porque los precios seguirían subiendo. Y comprarlo vía COMEX (punto 3) es imposible, porque los inventarios de oro, aquí, suman unas dos millones de onzas (registered gold), y una venta al banco central suizo se llevaría la mitad del inventario. Descartado de plano: no quedaría oro que respalde todos los contratos futuros en este metal que se transan en COMEX.
Datos del FMI indican que los bancos centrales “dicen tener”, reportan, unas 30,000 toneladas de oro en sus bóvedas. ¿Cuánto de este oro sigue en poder de los bancos centrales? ¿Hay manera de saberlo? No. Pero si “solo” el 10% de este oro, unas 3,000 toneladas, ha sido vendido en corto, no se ve cómo se pueda recomprarlo sin hacer que el precio del metal amarillo se dispare verticalmente hacia arriba. Los bancos centrales hace rato que han perdido el control de este mercado: eso precisamente refleja el precio del oro.
Y ésa es la razón por la que el Perú no tendría oro: porque si el BCR suizo lo recompra en el mercado, la pérdida se lo tumba.
Ojalá, agregamos, que este asunto se aclare. Aún si, como esperamos, el oro peruano no pasó por ningún carrusel, el punto es que apenas representa menos del 4% de nuestras reservas. El resto está en billetes, o sea en papeles expuestos a los vaivenes de cualquier megacrisis internacional. ¿No sería más sabio tener más oro y menos dólares en nuestras RIN? Bien harían los economistas del BCRP en recordar (¿descubrir?) que las teorías económicas tienen consecuencias prácticas, y las teorías erróneas, consecuencias nefastas. Por el bien de nuestro país, que sea ya.
Por hoy lo dejamos ahí…

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